jueves, 13 de septiembre de 2018

Traductores indiscriminados

Una de las peculiaridades más interesantes del idioma y la cultura polaca es la forma como traducen los títulos de libros, series y películas. Por alguna extraña razón, las palabras, frases y estructuras que componen los textos originales de estos productos mediáticos, son cambiadas casi que arbitrariamente por otras, que, en muchos casos, ni sentido ni relación tienen con la pieza a la que corresponden.

Un ejemplo de lo que hablo, es la famosa película "Dirty dancing", que en la mayoría del mundo hispano fue presentada con el mismo nombre, en Polonia se llamó "Wirujący seks", algo así como "Sexo giratorio". Otro filme que contó con su versión polaca fue "Terminator", que traducida en un comienzo  era "Elektroniczny morderca" - "Ascecino electrónico". En la década siguiente, la gente empezó a usar el nombre "Terminator", pero lo decían ya con la fonética polaca, es decir,  la "a" pronunciada como en español.

Entre las series más conocidas con traduccciones raras se encuentran:

One Tree Hill - Pogoda na miłość - (Tiempo para el amor)
Grey's Anatomy (Anatomía de Gray) - Chirurdzy (Cirujanos)
Futurama - Przygody Fry'a w kosmosie (Las Aventuras de Fry en el Cosmos)
Prison Break – Skazany na śmierć (Condenado a muerte)
Desperate Housewives (Amas de casa desesperadas) - Gotowy na wzystko (Preparado para todo)
Baywatch (Guardianes de la bahía) - Słoneczny patrol (La patrulla del sol)

Nadie sabe si es una locura creativa de quienes traducen o alguna imposición de los distribuidores nacionales de estas películas, tal vez de quienes invierten su dinero en proyectarlas en las salas y televisores de todo el país. Lo cierto es que es un fenómeno que pasa a nivel global. He googleado un poco y he encontrado que hay países que traducen o más bien cambian completamente los títulos originales de estos productos mediáticos. Tal vez, de alguna forma, sea necesario hacerlo, para poder sentir mejor el nombre y comunicar efectivamente de lo que trata la película. En español, para no ir muy lejos, una de las traducciones que causa mayor controversia es la de la famosa cinta de George Lucas, Star Wars - La Guerra de las Galaxias. Cuando yo les cuento a mis estudiantes polacos que así se llama esa mítica trilogía no lo pueden creer. 

Para finalizar, es gracioso ver en en la televisión polaca una telenovela latinoamericana, de esas mexicanas bien cursis, y en la escena más importante, en el climax de la historia, el galán le dice a su amada en voz grave y cadencia de locutor: "Carolina, por ti, yo lo dejo todo y empiezo una nueva vida, sin importar donde sea o en las circunstancias que sean. Eres mi amor y mi vida", la traducción polaca es "Karolina, kocham cię" - "Carolina, te amo". Te quedas con la boca abierta. Reducen las dos líneas más importantes de los 120 capítulos de la historia a un "te amo", eso sí que es capacidad de síntesis :)

miércoles, 4 de octubre de 2017

La tradición de recoger setas en Polonia y mi aventura con ellas

Después del sol de primavera, no hay nada que cause mayor frenesí entre los polacos que la temporada de recolección de setas. Desde el mes de agosto, cuando las lluvias empiezan a caer con mayor avidez sobre el territorio del país, los bosques, ubicados cerca de la mayoría de ciudades y pueblos, son visitados por cientos, si no miles de personas. Todos ellos van vestidos con botas de caucho, pantalones, camisas de manga larga, gorros y sombreros. Donde veas un coche aparcado a la vera del camino, cerca de un bosque, es la señal de que hay un recolector en acción. Su arma más poderosa es una profunda cesta de mimbre donde guardarán su valioso tesoro. Y no exagero. Las setas en Polonia son una de las delicias más apreciadas de su cocina. 

En Colombia, como en la mayor parte de países de Hispanoamérica conocemos sólo los champiñones, o si es el caso las famosas setas mágicas, que más de un universitario melenudo busca en las sabanas y campos del país, para emprender viajes psicodélicos. No tenemos el conocimiento ni la tradición de recogerlas. Por lo general un hongo diferente a un champiñón es visto como sospechoso de ser venenoso y por ende descartado a priori de nuestra dieta. Es posible que nuestros antepasados indígenas sí las conocieran, las clasificaran y las consumieran. Pero si es así, esa sabiduría se perdió en algún momento, durante el período de la Conquista.

Mi anécdota con los hongos comestibles 

Cuando llegué a Polonia una de las primeras experiencias que viví fue ir en búsqueda de este exótico manjar. Con la piel cubierta tanto como era posible para protegerme de las garrapatas que pululan por doquier, me adentré junto con el especialista (mi suegro) y su familia con el objetivo de abastecernos, especialmente para la Navidad (en esa fecha se prepara un plato tradicional compuesto principalmente de col fermentada y setas). 

La faena fue idílica. Recorrer un bosque europeo buscando "casitas de duendes" era para mí un sueño hecho realidad. Era como estar en un cuento de los Hermanos Grimm. Sólo lo había visto una vez en un documental de Discovery Channel y en  algún dibujo animado cuando era pequeño. 

Ese día me explicaron la diferencia entre una seta venenosa y una que no lo es. Teóricamente aprendí un poco, aunque por no practicarlo en los años siguientes lo olvidé. Al final de la tarde cada uno de nosotros tenía su cesta llena de sombrillas marrones. Volvimos a casa cansados y sucios, pero satisfechos. Tomé una ducha y cuando salí del cuarto de baño había un olor fuerte y penetrante en toda la casa. ¡Estaban cocinándolas! Me llamaron y me preguntaron si quería probarlas. Yo no dudé en decir que sí. El plato era una gran cacerola de huevos revueltos con el producto de nuestra cosecha. El olor era interesante, tenía un cierto aspecto amargo, pero en general me hacía salivar y no podía esperar a probar esa delicatessen.  

Después de unos quince minutos me llamaron a la mesa. Era curioso para ellos conocer mi opinión sobre lo que íbamos a merendar. De repente, llegó lo esperado. Pero cuál sería mi sorpresa al ver dentro de la sartén una masa verduzca espesa, poco agradable a la vista. Traté de mantener mi mente abierta, pero no pude dejar de pensar en ese color mohoso que tenían los huevos. Recordé que debajo de algunas de las setas que recogimos había una fina capa de color verde y me preguntaba si a caso no habían lavado bien los hongos, pero no era así, lo habían hecho. Ese era el aspecto que tenía el plato. Nos sirvieron porciones generosas y todos en la mesa devoraban con gran gusto esa suculencia. Respiré profundo, alejé el prejuicio y me los comí todos. 

En mi opinión no son nada buenos. La seta tiene un sabor demasiado fuerte, incluso un poco amargo, que camufla demasiado el del huevo, pero tampoco estaba tan mal, había probado peores cosas en mi vida. Terminamos de comer y luego nos fuimos a pasear por los alrededores. Había transcurrido cerca de media hora cuando empecé a sentirme mal. Una pesadez estomacal horrible y unas ganas de vomitar que iban y venían repetidamente. Al comienzo me asusté, porque pensaba que se habían equivocado y me había comido una seta venenosa, lo cual puede ser en algunos casos letal. Pero al contarles lo que me pasaba, nadie más confirmó tener los mismos síntomas, así que descartaron la intoxicación. Me dieron agua en abundancia, té de menta y un medicamento muy popular en Polonia para la indigestión - "Sylimarol". Éste se encuentra en el botiquín de cualquier abuela polaca que se respete y le "salva la vida" a más de uno, después de los copiosos banquetes que suelen darse en este país durante cumpleaños, Navidades, Pascuas y otras celebraciones. Las pastillas me ayudaron un poco, pero el resto del día lo pasé muy mal. Tuve que esperar a que mi cuerpo digiriera lo que me había comido - casi 24 horas hasta que volví a sentirme bien totalmente. 

Con el tiempo me di cuenta de que eso me pasó porque mi organismo no estaba acostumbrado a consumir las setas. Mi estómago no producía unas encimas especiales que ayudan a descomponer principalmente moléculas ácidas poderosas que contiene este alimento y que los polacos, genéticamente y por fuerza del hábito sí las tienen. Con el pasar de los años he comido muchas veces diferentes platos que se hacen con estos hongos y el día de hoy ya no siento ningún tipo de malestar al consumirlos. Eso sí, nunca hay que abusar de ellos, porque son pesados. 

Mi consejo es que si estás recién llegado a este país o vienes como turista entre agosto y diciembre, cuídate de las setas, cómelas con moderación (no como yo) y de forma gradual, así evitarás malos ratos con tu estómago y te ahorrarás el susto. Por lo demás, sigo pensando que esta costumbre es una de las que más me gusta de este país. Las personas van al bosque en familia, con los vecinos o amigos y están en contacto con la naturaleza. Vuelven a sus raíces eslavas más profundas. Los espíritus del bosque entran en comunión con ellos de nuevo.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Me multaron en Polonia

Muchas veces he dicho en esta bitácora que los polacos son buenos conductores, que respetan las reglas y señales de tránsito. Y así es en gran parte, si se compara con el caos que se vive a diario en las calles y carreteras hispanoamericanas. Hoy, desafortunadamente, no puedo echarles flores. Una de las cosas más tontas y peligrosas que hacen es no encender las luces direccionales con la distancia y tiempo suficientes para comunicarles su decisión de girar a quienes van también por la vía. Las activan un metro antes de la esquina o justo cuando están realizando el movimiento. Tal vez piensan que son de adorno, que el resto de conductores tenemos los reflejos del famoso héroe de DC comics Flash o que los otros vehículos tienen el sistema de frenado de un transbordador espacial. La verdad es un misterio para mí. Lo cierto es que hace poco me vi envuelto en una situación vial problemática por culpa de su negligencia, y lo peor de todo, yo fui el afectado sin ser el culpable.

El 17 de junio de 2017, iba de mi casa hacia una de las escuelas con las que suelo cooperar, dando clases de español. Era una tarde lluviosa y gris. Salí más temprano de casa, porque sabía que en la ciudad me esperaba un atasco colosal. Después de haber recorrido unos cinco kilómetros, a la altura de un pueblo llamado Dobrzykowice, se formaron en fila tres automóviles, el tercero de adelante hacia atrás era el mío. Conducíamos los tres a 30 kilómetros por hora (menos del límite de velocidad en terreno urbano) y todo iba bien, hasta que al llegar a un cruce, con semáforo en verde, el primero de los coches giró a la izquierda, justo al llegar a la esquina, frenando y activando al mismo tiempo la luz direccional. Esto hizo que el segundo carro tuviera que frenar intempestivamente y como consecuencia yo tuve que frenar también rápidamente, ocasionando que las llantas se deslizaran sobre el asfalto mojado y alcanzara a tocar, y digo tocar en sentido literal, el Toyota Auris nuevo y muy bonito del conductor de adelante. El del primer carro ni se dio cuenta de lo que ocasionó y simplemente siguió su camino, dejándonos al del Auris y a mí con un problema. Nos bajamos y afortunadamente quien iba tras el volante era un hombre joven educado. Vimos los dos carros y el mío se llevo una pequeña abolladura, pero el de él sólo una minúscula e irrisoria raya superficial que era necesario verla muy de cerca para notarla. El hombre inmediatamente dictaminó "tenemos que llamar a la policía". Yo le abrí los ojos como luna llena y le dije en polaco que no era necesario, que yo tenía mi seguro contra daños a terceros al día y que sólo debíamos cumplimentar el acta del siniestro y las aseguradoras se encargarían del esto. El conductor del Toyota afirmó que su compañía de seguros le exigía que un policía se hiciera presente y firmara el acta de levantamiento del accidente. Nos orillamos. Traté de convencerlo de que estaba en un error, pero no pude disuadirlo, así que llamó a la policía, yo tuve que esperar casi una hora, perder mi clase de español, quedar mal con el dueño de la escuela, así como con los estudiantes y encima de todo pagar una multa. Sí, así como lo leen, porque al venir el policía, aunque el otro hombre le explicó la situación honestamente y sin exagerar (lo cual incluía su confesión de que no había sido mi culpa, sino de quien venía adelante), nada se pudo hacer. El mismo agente le explicó molesto al hombre que quería ser indemnizado, que la presencia de un uniformado no era necesaria según la ley, que la policía sólo estaba para hacerse presente en los lugares donde se ha infringido una norma, y un accidente como el que tuvimos no era más que eso, un accidente. Sin embargo, dirigiéndose a mí, me dijo que lo lamentaba, pero ya que lo habíamos hecho ir, tenía que levantarme una multa, y aquí viene lo más gracioso y triste a la vez "por causar un peligro a la seguridad vial". No valió explicación, justificación ni repetir la historia una y otra vez. El oficial tomó mi permiso de conducción y mi documento de identidad, se metió en la patrulla y unos minutos después salió con la siguiente multa: 


"Si no está de acuerdo con esta multa, puede apelarla ante un juez", sentenció. 250 zł y 6 puntos menos en mi carné. Como el peor de los conductores. Sí, pensé en no recibirla y apelarla, lo dudé durante un minuto, pero finalmente, conociendo la burocracia polaca y por no tener ningún problema como extranjero frente a un tribunal, decidí dejar las cosas como estaban y aceptar la multa. Eso me dolió. Sin comerlo ni beberlo tuve que pagar por los platos rotos de uno de los muchísimos polacos que me encuentro a diario que tienen el mismo comportamiento vial - no saben cómo usar las luces de giro. Ahora guardo mucho más distancia entre los coches, pero aún así, me llevo buenos sustos casi que a diario, por esta razón. 

Señores polacos que leen este blog, si ustedes no tienen este comportamiento, pero sus hermanos, hermanas, padres, esposos, esposas cometen el error que he mencionado a lo largo de esta entrada, por favor, hablen con ellos, porque es posible que no son conscientes del peligro que ocasionan. Si no son polacos, pero viven en hispanoamérica, vigilen muy bien su actuación frente al volante, porque en países como Colombia, la gente tampoco tiene idea del mal que pueden causar. Las luces direccionales sirven para comunicarle al de atrás que se quiere girar y que en cualquier momento va a disminuir su velocidad, antes de realizar el movimiento. No son un adorno y no están ahí simplemente para ponerlas y que la policía no les diga nada. Se trata de consciencia vial y de pura cultura ciudadana. Espero que esta situación cambie en el corto plazo en este país. Mientras tanto, tendré que mantener más de la distancia de seguridad recomendada, por si a alguna de estas personas se les ocurre en último momento girar.

viernes, 24 de marzo de 2017

La autopista del tacón

Las Plazas Mayores de las ciudades polacas poseen un elemento arquitectónico en común - el adoquín. El empedrado de estos lugares hace parte del encanto que tienen. Inmediatamente nos remonta a otro tiempo, a una época en la que el sonido de las ruedas de madera de los carruajes y de los cascos de los caballos golpeando el suelo hacían parte del ambiente. Suena todo muy idílico y romántico, y en parte lo es, pero en la actualidad no para todo el mundo. Las personas discapacitadas, las mujeres y los niños pueden tener serios problemas para andar por el área adoquinada sin tropezar. Esto pasa, porque los pedazos de piedra no son regulares, el espacio entre ellos es a veces grande y los bordes en muchas ocasiones sobresalen un poco y pueden ocasionar accidentes. 

Las sillas de ruedas y coches de bebé trastabillan frecuentemente, perturbando el sosiego de quien disfruta de la vista o duerme una siesta, eso si no se atascan de repente de forma peligrosa. Los niños cuando corren se caen de rodillas por la irregularidad del terreno, la gente en muletas no puede circular tranquilamente, porque la punta de una de ellas puede quedarse atascada. Pero para quienes es un verdadero martirio es para las mujeres que usan zapatos de tacón. Imagínate una chica joven con traje elegante y tacones, caminando de prisa en la mañana para ir al trabajo, tratando de esquivar a toda costa los huecos que como minas obstruyen el camino. Si la punta del tacón entra entre dos adoquines no sólo corre el riesgo de romperse ese elemento, sino de causarle alguna lesión a la mujer. Por esta razón, la ciudad de Breslavia decidió construir la que llamó la taconpista, autopista del tacón o en polaco szpilkostrada, una franja adoquinada amplia que a manera de marco rodea la Plaza Mayor. Cada uno de los ciento cuarenta y cuatro mil cubos de granito que se usaron para la construcción de esta zona de cuatro mil quinientos metros cuadrados tiene forma regular, es totalmente plano y la distancia de dilatación entre ellos es tan pequeña que los zapatos de las damas no peligran. 

El ayuntamiento de la ciudad fue criticado duramente por despilfarrar el dinero en un proyecto que afecta a un número reducido de personas con relación al total de la población. Sin embargo, la ciudad recibió el primer lugar en el Concurso Nacional "Líder de la accesibilidad", ya que con la nueva autopista del tacón se le permitirá a la población afectada por los antiguos adoquines disfrutar de la pintoresca Plaza Mayor que ostenta la capital de la Baja Silesia. 

viernes, 17 de marzo de 2017

Marzanna y la llegada de la primavera

La primavera es un momento mágico para todos los polacos. Después de los grises y fríos días del invierno, nuevamente los rayos del sol se sienten calentar y la naturaleza responde lentamente, despertándose de su letargo. La gente cambia su indumentaria y se les ve más positivos y alegres. Y no es para menos, los días de sol han vuelto y el verano está por llegar.

En polaco hay un dicho que dice "w marcu jak w garncu", traducido literalmente sería "en marzo como en una olla". Esto hace referencia a lo variable del clima - en un mismo día hace sol, luego está nublado, llueve, cae nieve, hace sol de nuevo, cae granizo y otra vez sale el sol. Aunque este año ha sido particularmente cálido y estable. Sea como sea, estamos ad portas de la tan anhelada primavera. Se siente en el aire, se siente en la gente y se siente en el comercio que prepara el lanzamiento de sus nuevas colecciones de chucherías. Finalmente ha terminado el encierro, no más vida en interiores, es hora de pasear y disfrutar de los parques y zonas verdes. 

El inicio oficial de la primavera según el calendario astronómico es el 20 de marzo, cuando ocurre el equinoccio de primavera. Además del cambio de estación, el tercer domingo de este mes, a las 2:00 de la madrugada, se adelantan una hora todos los relojes, con el fin de aprovechar la abundancia de luz solar de la primavera y el verano y ahorrar energía eléctrica. Es un cambio para muchos europeos y polacos un tanto desagradable, porque cuesta un poco ajustar la rutina y el reloj biológico a la nueva jornada. Casi todas las personas prefieren lo opuesto (esto pasa en otoño), ya que implica una hora más de sueño en las mañanas y no una menos como ahora.

Aunque el sol nos ha acompañado durante las últimas dos semanas y el termómetro se ha atrevido a llegar a los quince grados centígrados, la naturaleza todavía no se ha despertado del todo. Si bien el pasto está más verde y hay más hierba que antes, las flores y los árboles todavía no están convencidos del cambio definitivo de tendencia climática. Todos esperan ver en los separadores de las calles, las macetas en las plazas y el pasto del jardín cómo los junquillos, tulipanes, narcisos y margaritas entre otros, florecen por doquier llenando de color y alegría el paisaje. 

Marzanna, ritual pagano de primavera

No sólo en Hispanoamérica el sincretismo alcanza sus buenas cuotas. En Polonia también puede verse que a pesar del paso de los siglos y de la fuerte influencia de la cristianización y el catolicismo en estas tierras, algunas creencias perviven aún. Una de estas costumbres es la Marzanna. No se trata de algo que se celebre sólo en Polonia, sino que más bien es la herencia del pueblo eslavo que habitó toda esta zona de Europa. 

Marzanna es una diosa eslava asociada desde tiempos inmemoriales con los ritos estacionales y está basada en la idea de la muerte y el renacimiento en la naturaleza. En los ritos eslavos la muerte de la diosa Marzanna al final del invierno se convertía en el renacimiento de la primavera, representada por el dios Kostroma (especialmente en Rusia), Lada, Vesna o algunas veces Jarilo, dependiendo de la zona geográfica. En el siglo XVII, el cronista polaco Jan Długosz la relacionó en sus anales con Ceres la diosa romana de la agricultura. 

El ritual consiste en la elaboración a mano de una muñeca grande con materiales caseros que incluyen prendas viejas y paja seca. Esta figura representa la diosa invernal. Luego, la gente del pueblo o del barrio, en la actualidad los niños y jóvenes, la llevan a una fuente de agua y la hunden allí. Así el invierno muere ahogado y la primavera reina sobre el mundo. 

En antaño las familias de los pueblos salían juntas a la calle y en una especie de desfile se dirigían al lago, estanque o río más cercano y en medio de música y cantos folclóricos ponían las efigies en el agua y las hundían. En otras ocasiones se solía quemar las muñecas antes de tirarlas al río, para así asegurar que el invierno no volvería más. 

En la actualidad el ritual no es tan masivo como en el pasado y sólo algunos jóvenes lo celebran. No incluyen cantos ni pintorescos vestidos folclóricos, pero la gente lo sigue haciendo con la misma creencia que tenían los antiguos eslavos - si muere Marzanna se irá el invierno y vendrá la primavera. 

jueves, 16 de marzo de 2017

El frasco, elemento fundamental en la vida de los polacos

Un frasco, sí señores, así como lo leen. Ese simple elemento de vidrio en el que se almacenan muchos productos del supermercado, es un eslabón fundamental para el funcionamiento de la sociedad polaca. Conservar los alimentos, en los países del norte, es una costumbre bien conocida. Pero en Polonia, durante el verano y el otoño, se preparan un gran número de conservas, mermeladas y kompots. Todo ello se almacena en esos recipientes cristalinos, que al parecer cumplen muy bien con su labor de preservar los atributos de los productos que contienen. Nada más delicioso que abrir en la mitad de diciembre o enero un frasco de kompot de fresa - es un viaje en el tiempo, un cambio de estación, una reminiscencia del verano distante. 

Un rol aún más importante es el que juega el frasco en la economía y la movilidad social de esta nación. La gente de los pequeños pueblos viaja a las grandes ciudades a estudiar, trabajar o a buscar suerte. En este proceso migratorio los padres y abuelos llenan las bolsas y maletas de sus seres queridos con mucha comida en conserva - rollos de carne en conserva, pepinos en conserva, los famosos gołąbki en conserva, pierogi en conserva, arenque en conserva, bigos en conserva, leczo en conserva, entre muchas otras delicias. La cantidad de comida transportada en esos frascos por esta población migrante es ingente. Por ello, los habitantes de la ciudad suelen llamar słoiki /suoiki/, en español "frascos", de forma despectiva, a aquellos que vienen del campo. De ese modo hacen énfasis en que son provincianos, foráneos en la gran ciudad. De cualquier forma, se puede decir que precisamente gracias al contenido de esos frascos el país completo se mueve, porque transportan el almuerzo de los ingenieros, las cenas de los estudiantes, las meriendas de los mensajeros, las sopas de las dependientas, las onces del vigilante, una sociedad completa gira alrededor de ellos. Vale, lo acepto, tal vez exagero un poco, pero no se puede negar que hacen parte del paisaje y la realidad polaca, así como del día a día de la gente de estas latitudes de nuestro planeta. 

sábado, 18 de febrero de 2017

Celebrando el Jueves graso polaco

La costumbre polaca de celebrar el Jueves graso es una de mis favoritas. Para todos aquellos que no sean polacos, ni alemanes del este, ni españoles, tal vez les sonará rara, pero es así.

Justo el jueves anterior al miércoles de ceniza, los polacos hornean unos postres espectaculares - los famosos pączki . Son unas bolas de harina frita (como una dona pero sin el hueco en el centro). Las calles de las ciudades, las casas y los edificios huelen a esa receta celestial. A donde uno vaya será recibido con estas delicias. El jefe compra para sus empleados. Los bancos y otras tiendas se los ofrecen a sus clientes de forma gratuita, en las escuelas los profesores comparten con sus colegas y estudiantes, es un frenesí de dulce, olor y sabor. 

Los otros protagonistas de la jornada son los faworki, una especie de corbatines de masa fritos y espolvoreados con azúcar. Son más pequeños y más ligeros para la digestión que sus hermanos mayores. Podría comer decenas de ellos antes de sentirme empalagado. 

En un tercer lugar se encuentran los dulces, chocolates y otras golosinas.

Esta fiesta está marcada en el calendario cristiano y simboliza el comienzo de la última semana de carnaval y la preparación para la llegada de la Cuaresma. No todos los polacos son muy religiosos, sin embargo hay un gran sentido de lo tradicional que todos guardan, independientemente si está o no ligado a la religión. 

Una curiosidad de esta celebración es que al final del día la gente hace un recuento de la cantidad de pączki faworki que se comieron. Algunos cuentan diez, doce o hasta quince he escuchado. 

Por otro lado, el Jueves lardero es una costumbre que se celebra también en muchos lugares de España, la cual simboliza la apertura o inicio del carnaval. En muchas poblaciones empieza el miércoles o jueves y termina el martes siguiente o el Miércoles de Ceniza. No hay  pączki ni se comen especialmente churros como muchos estudiantes de español de Polonia creen, pero sí se hacen jornadas al aire libre donde el componente gastronómico es lo más importante. Esta celebración se lleva a cabo principalmente en la regiones orientales de la Península Ibérica. 

Este año el Jueves graso o Jueves lardero cae el 23 de febrero, es decir el próximo jueves, de modo que si no estás en Polonia, igual puedes comprarte una caja de donas y celebrar al modo polaco este día de placer.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Polonia, un mundo de hielo

Cuando uno viene de algún país sureño, el clima invernal septentrional parece algo mágico, como sacado de un cuento de hadas. Aunque Polonia no es un lugar en el cual las precipitaciones de nieve sean abundantes, lo que sí hay en gran cantidad y con mucha frecuencia, durante dicha estación, es hielo.

Las temperaturas que tenemos en invierno están entre los +5 y -5 grados centígrados, en la mayor parte del país, con un promedio de -3 durante los meses de enero y febrero, en la Baja Silesia, la región donde vivo. Esto causa que el hielo se acumule en todos lados - desde los huecos de la calle, las irregularidades en el terreno del jardín, los techos de las casas,  el asfalto de la carretera y lo más irritante, para quienes aparcamos afuera, sobre los cristales de los carros. Las dos últimas cosas trastornan en gran medida el funcionamiento de las ciudades y dificultan la vida de las personas.

Cuando el hielo se acumula sobre la ventana del coche hay que usar una herramienta plástica, una especie de "cuchilla" que ayuda a rasparlo y retirarlo totalmente. En polaco se llama "skrobacz do szyb" lo que se traduciría literalmente como "rascador para vidrios", aunque el nombre oficial en español es "rasqueta de hielo". ¿Suena fácil quitarlo? Pues no lo es tanto. Toma mucho tiempo en la mañana y si ya vas con retraso, puedes estar seguro que no llegarás a la hora que deberías. En cuanto se logra eliminar el hielo y se sube uno al auto, las ventanas se empañan casi que de inmediato y no puedes ver nada, hasta que el motor entra en calor y la calefacción comienza a funcionar. Como si esto fuera poco, te das cuenta de que el asfalto tiene una capa delgada (a veces bien gruesa) de este elemento y no puedes ir a más de 30 kilómetros por hora, porque si giras a mayor velocidad el automotor derrapa, se pierde el control sobre él y se puede ir a parar en la cuneta o zanja de desagüe más próxima, como he visto que le pasa a más de uno. 

Hace pocos días vi un coche de alta gama volcado al lado de la carretera (por unos centímetros esquivó un arbol grande). Me detuve, junto con otras personas que también iban a esa hora por el lugar, porque sé que si hay algún herido y el accidente ocurrió recientemente para esa persona es vital recibir ayuda lo antes posible. Nos acercamos todos y yo abrí la puerta del pasajero. Lo primero que vi salir del carro fueron algunos juguetes de niño, pero ya no había nadie adentro. Al parecer el incidente se había producido horas antes. Quedé frío de verdad. Ninguno de los que nos acercamos dijo nada. Creo que todos reflexinamos en silencio sobre la importancia de ir lento en esas condiciones meteorológicas. Yo siempre estoy muy atento y prefiero cancelar un encuentro o llegar tarde a arriesgar mi vida o la de mi familia por pisar el acelerador unos milimetros más.

 Debo aclarar que yo vivo fuera de la ciudad (a 20 kilómetros de Breslavia) y aquí los servicios de limpieza de nieve y hielo funcionan un poco más tarde que en el centro urbano, donde desde muy temprano ya hay barredoras, volquetas y obreros poniendo sal en calles y aceras, para evitar contratiempos. Aún así, caminar por la ciudad cuando hay hielo es un verdadero desafío. Ni teniendo zapatos con una buena suela de invierno se puede evitar el riesgo de irse de narices o de culo en cualquier momento. A mí me ha pasado más de una vez cuando he ido de prisa. También he visto a otra gente que se ha caído. Van muy tranquilos caminando a buen paso, cuando de repente ¡zaz! terminan en el piso.  La forma más adecuada de caminar sobre superficies con hielo es arrastrando los pies y moviéndose lentamente, y aún así existe la posibilidad de una estrepitosa caída. 

El hielo es algo que aparentemente es inocuo y en países como Colombia quizás solo se asocie con el whiskey o el exceso del mismo en algunas neveras de baja gama. Pero en las antípodas del mundo, es un elemento que puede impactar contundentemente la vida diaria de las personas. 

domingo, 25 de diciembre de 2016

Los benditos kalesony

Una de las prendas más curiosas que he visto en mi vida son los llamados kalesony en Polonia. La traducción correcta al español sería calzoncillos largos o leotardos. Quizá para los españoles y el resto de europeos no sea una cosa tan exótica como para los que venimos de países tropicales. Lo cierto es que no son ni muy masculinos ni muy cómodos.

Pero, ¿para qué se usa esta prenda que a primera vista parece sacada de un libro de historia medieval? Si alguien te los muestra en verano, hasta risa te dará y dirás que nunca en la vida te pondrás algo tan ridículo como eso. Pero si dejas llegar el invierno, y los días con vientos gélidos que provocan sensaciones térmicas de hasta -10 grados centígrados, seguro se te pasará el orgullo y te los pondrás más temprano que tarde. 

¡A engordar que el invierno ya está por llegar!

En la mayoría de países del hemisferio norte el invierno es una época en la cual las personas consumen platos más grasosos y en mayor cantidad y frecuencia. Esto con el fin de crear una barrera natural de tejido adiposo para que el frío no cale en los huesos. Así, la sopa de Grochówka (mi favorita) está hecha de una especie de guisante bastante calórico y el sabor se basa en el tocino y las salchichas que se le agregan. El cerdo es "el rey de la mesa" en los países septentrionales. En Colombia, la carne porcina es vista como sospechosa portadora de parásitos como la tenia o solitaria, así que la gente prefiere comer carne de vaca. Aquí es algo totalmente normal, incluso más popular que la carne de pollo.

Consecuencias inesperadas

Desde hace más de dos años, he estado en una lucha constante por perder los 20 kilos que gané en los primeros cinco años de estadía en este país. La dieta grasosa, la abundancia de dulces y chocolates deliciosos y el cambio a un estilo de vida más sedentario, causaron serios efectos en mi cuerpo. El año pasado logré perder diez kilos y este año que se está terminando bajé ocho más. Según mi doctora, todavía debería reducir unos tres o cuatro kilos, para estar dentro de mi peso, pero físicamente la gente ha notado el cambio - estoy visiblemente más delgado, aunque todavía con un poco de sobrepeso. ¿Por qué les cuento esto? Por que si han leído mis entradas anteriores, se darán cuenta que hasta el momento el invierno para mí no me hacía no cosquillas. Me encanta el frío y la nieve, aunque no soporto la lluvia cansina del otoño, parte del invierno y la primavera. Lo cierto es que al llegar los días gélidos de este año empecé a sentir cómo el viento, la humedad y el frío penetraban en mi cuerpo de una forma que en los diez años anteriores no lo habían hecho. Puedo comparar la sensación con aquella que tuve cuando pisé Europa y Polonia en invierno por primera vez. Este año estaba vestido adecuadamente para el clima, pero aún así el frío se me metía, me hacía tiritar y buscar lo más pronto posible algún lugar donde resguardarme de él. "¿Pero qué me está pasando?" - me preguntaba sorprendido una y otra vez. Llegué a pensar que estaba enfermo y hasta que mis 32 años ya empezaban a pesar sobre mí (sí, sí, lo sé, todavía estoy joven), pero me hacía dudar. Me encontraba a mí mismo, una y otra vez, quejándome del frío como un octogenario, como un polaco más. Hasta que por fin me di cuenta de lo que pasaba - ya no tenía la barrera de grasa que me había protegido hasta el momento del frío, como las morsas o las focas la tienen para poder sobrevivir los duros temporales del Ártico.

Y aquí es donde aparecen de nuevo los famosos kalesony. Lo primero que hice al llegar a casa fue buscar en lo más profundo de mi armario esta prenda celestial, e inmediatamente me los puse. ¡Oh, qué cambio, qué diferencia! Los usé por un poco más de una semana, durante los días más fríos del comienzo de diciembre y me ayudaron mucho a adaptarme a las nuevas condiciones físicas de mi cuerpo. Después de esto, sólo me los ponía si hacía mucho viento y poco a poco mi organismo fue regulándose y aprendiendo a distribuir la energía y el calor nuevamente. Ahora estoy contento, porque puedo disfrutar nuevamente del invierno. No los uso, aún cuando el termómetro marca -5 grados centígrados, que es la mínima en la mañana hasta el momento. Aunque estoy seguro que si cae de -10, no dudaré en ponerme esa bendita prenda.

Un par de curiosidades

1. Algo que después de todo este tiempo sigue sin explicación alguna para mí es cómo las mujeres jóvenes en temperaturas incluso de -17 grados salen a la calle en falda o peor aún en minifalda. Las veo en las paradas de autobús y tranvía esperando estóicas, mientras yo con mis kalesony a esa temperatura me da frío de solo verlas. Les he preguntado a ellas mismas, ¿por qué llevan a cabo tal acto de masoquismo? Y me responden siempre que "para verse bellas, aún en invierno, deben pagar un precio". La verdad, cuando yo las veo con sus falditas cortas, no me despiertan más que compasión. No pienso si se ven guapas o no, sino cómo deben sentir que miles de agujas congeladas penetran la piel de sus piernas, entumeciendo sus músculos y sus articulaciones.

2. Para los hombres polacos usar kalesony está al mismo nivel que beber whisky con hielo, vodca con jugo de naranja o cerveza sin alcohol - es una deshonra y una afrenta a su masculinidad. En palabras de uno de mis estudiantes polacos (ejecutivo de un banco muy importante a nivel internacional) - "Eso son cosas sólo para maricones", con el perdón de los homosexuales a quienes respeto totalmente. 

domingo, 23 de octubre de 2016

El regreso del otoño

Este año el otoño se apoderó rápidamente del paisaje, dejándose venir con todo su arsenal - lluvia, frío, viento fuerte, cielo gris y el color naranja de las hojas de los árboles en todos sus tonos e intensidades. A la mayoría de la gente se le ve falta de energía, está baja de ánimo y hasta deprimida. No la culpo, este tampoco es el clima que yo anhelo. Prefiero que caiga nieve y la temperatura esté bajo cero, a resistir semanas del mismo clima gris - lluvioso. Esos días son surrealistas, perezosos, inertes. El café salva la patria. Litros de esta bebida corren por la sangre de polacos y residentes. No hay otra forma de mantenerse funcionando sin caer en el modo "zombie".

Durante los últimos seis años a finales de octubre tuvimos días soleados y temperaturas de 23 grados, algo cálido y atípico para estar en plena estación de lluvias, vientos y temperaturas bajas. Este año, desde que el calendario marcó el inicio astronómico del otoño, el clima empezó a cambiar. El termómetro desciende hasta los 5 grados durante el día, las ráfagas de viento gélido golpean más fuertemente, la humedad en el aire es mayor y en general la sensación cuando uno sale de casa es bastante desagradable. Hace frío y si no tienes ropa y calzado adecuados la vas a pasar mal y estarás mojado en muy poco tiempo. He visto algunos turistas en el centro de la ciudad, en las visitas guiadas, tiritando de frío mientras escuchan juiciosos las hazañas de antiguos reyes polacos. 

Es un tiempo malsano. Nocivo para el cuerpo y para el alma. Sin embargo, hay momentos de algunos días en los que el sol logra sacar su cara de entre las nubes negras por unas horas. Esos momentos son mágicos. La temperatura sube a 15 grados y la luz al pegar sobre las hojas amarillas, naranjas y rojas, de los castaños, abedules y robles crea un efecto de mundo vivo, dorado que llena el ambiente de muy buena energía. Es el famoso "otoño dorado polaco". Basta con salir a cualquier parque público en esos momentos cuando escampa  y totalmente gratis vas a presenciar uno de los espectáculos naturales más maravillosos de este planeta. El frío, el viento, la lluvia y la incomodidad lo valen totalmente. ¿Has visto alguna vez un par de ardillas pelearse por una bellota? Es muy probable que eso pase justo frente a ti, mientras contemplas el paisaje en uno de los tantos parques urbanos que tienen las ciudades polacas. 

miércoles, 12 de octubre de 2016

Polonia y su pasión por los idiomas

¿Qué idioma habla la gente en Polonia? La respuesta parece bastante obvia, pero una vez empiezas a vivir aquí descubres que no lo es en absoluto. Los polacos son una nación que históricamente ha estado en contacto directo con el idioma alemán y con el ruso – durante muchos años, el ruso era la lengua obligatoria en las escuelas de toda la República Popular. Posteriormente, el alemán, en la Polonia postcomunista, usurpó su lugar, como queriendo dejar en claro a qué parte del mundo pertenecía desde ese momento este país. Por eso, no es raro encontrarse con polacos mayores de treinta años que dicen hablar o por lo menos chapurrear una de estas dos lenguas. 

Un mercado que crece sin parar

Desde hace diez años, he visto una creciente demanda de la sociedad polaca en el campo del aprendizaje de idiomas extranjeros. Tal crecimiento ha sido exponencial año tras año. Igualmente, y de manera proporcional, se han visto aparecer escuelas que llegan a satisfacer tan jugoso mercado. Las generaciones más jóvenes, las personas entre catorce y treinta años, han sentido la necesidad de buscar canales de comunicación con el mundo. Ya que la lengua polaca es tan difícil de aprender e ininteligible para cualquier hablante de otro idioma, la única salida para ellos es tender puentes lingüísticos para poder "conquistar el mundo". Finalmente, si ellos ya hablan uno de los idiomas más difíciles del planeta, aprender una lengua como el español o el inglés es algo realmente banal. 

Los polacos tiene un gran sentido de la aventura y les encanta viajar. Desde 1990, momento en que las fronteras con occidente se abrieron y el país se liberalizó, cada año ha aumentado más y más la cantidad de nacionales que visitan lugares como Japón, Vietnam, China, Marruecos, Cuba, República Dominicana, España, Madagascar o Australia. En estas excursiones, normalmente se enamoran no sólo del clima, la comida, el paisaje y la gente, sino que también de los idiomas. Así, al terminar el verano e iniciar el año académico en escuelas y universidades (en octubre), hay una desbandada de clientes buscando profesores y escuelas de idiomas para evocar con cada palabra esos maravillosos y paradisíacos lugares de ensueño y prepararse para la siguiente visita. Exactamente eso mismo pasa con el español en gran medida. Al estar España localizada tan cerca de Polonia, es un destino recurrente para los polacos. Por eso mismo la demanda sigue creciendo en el sector del español como lengua extranjera y aparentemente no pretende cambiar esa tendencia. 

Aprender por necesidad

También hay que mencionar a quienes aprenden español por necesidad laboral, ya que hay diversas empresas españolas que funcionan en Polonia, como lo son el Banco Santander o el banco BZWBK, algunas empresas de construcción y las grandes multinacionales como HP, Google o IBM. Éstas contratan empleados con un excelente conocimiento de lenguas extranjeras, especialmente del inglés, alemán, italiano, francés, español y portugués. Estas firmas se radican en Polonia para aprovechar la diferencia de valor de las divisas que hay entre el euro, el dólar y el zloty y así contratar mano de obra más barata en el área de servicio al cliente. Es allí donde hay muchos puestos de trabajo relacionados con la necesidad de dominar una lengua extranjera. 

Vale la pena mencionar que existen más de un centenar de escuelas secundarias públicas en todo el país, donde se enseña como tercera lengua (el inglés es obvio que deben aprenderlo) alemán, ruso o español. Incluso en los exámenes de bachillerato es posible elegir, por ejemplo, la lengua española como el idioma extranjero a ser evaluado. Esto hace que la sociedad cree condiciones fértiles para el bilingüismo y el multilingüismo y asegure el futuro de profesores y escuelas de idiomas, por lo menos hasta que las máquinas y los robots no nos reemplacen para siempre. 

Para mí fue una gran sorpresa y también un gran golpe de suerte el haber aterrizado en un país tan interesado por la cultura hispana y tan atraído por la lengua española. En muchas ocasiones he oído de boca de los mismos polacos calificar nuestra lengua como "hermosa", "armónica", "melódica", "romántica", "expresiva", "clara" y "fácil". Y tienen toda la razón. Mi trabajo como profesor de español me ha hecho más consciente de lo realmente bello que es nuestro idioma, estéticamente hablando, comparado con otros más secos, fríos y ásperos como es el caso del alemán. 

Según datos del Instituto Cervantes, en su último análisis de la situación actual del idioma español en el mundo, estableció que en este país hay unos noventa mil hablantes del castellano no nativos, sin contar a los cientos de profesores que como yo formamos un ejército de "evangelización" lingüística y cultural. Nos encargamos no sólo de enseñarles a entender y hacerse entender, sino que también de inyectarles en vena nuestra cultura, nuestra idiosincrasia y nuestras costumbres. Para los polaco esto tiene un inmenso valor del cual son conscientes y al cual de cierto modo se enganchan. El idioma español es como una ventana a un mundo más cálido, con mayor luminosidad, un sitio donde la gente vive a un ritmo más lento, es feliz y tiene costumbres muy diferentes a las suyas. Por eso también, en cuanto llega el otoño las aulas se llenan, la reminiscencia del verano es lo único que les queda y las clases con un latino exótico, abierto y escandaloso es el sucedáneo perfecto para poder resistir hasta el solsticio de junio.

Una perla

Algo muy curioso para los hispanos que vivimos aquí es la forma como la sociedad polaca se apropia de elementos de la gramática y el vocabulario de la lengua española, para crear campañas de publicidad con alto grado de recordación. De alguna forma, para ellos, nuestras palabras son tan dulces y atractivas que es imposible abstraerse a ellas. Así, hace algunos años, en el mes de diciembre, una empresa de juegos y apuestas se inventó algo así como la lotería de Navidad (costumbre que no se celebra en Polonia) y la llamó "Los milionos". Cuando vi la campaña por primera vez no podía creerlo. Últimamente visité la ciudad de Karpacz, a una hora y cuarenta minutos de Breslavia ubicada a los pies de los Sudetes Occidentales, y allí, mientras paseaba por las calles del lugar me topé con una pollería que se llama "El kurczako". "Kurczak" en polaco significa "pollo". Ya ven cómo lo hacen.

Epílogo

Debo aclarar que hay gente a la cual no le interesa aprender idiomas, ya sea por culpa de su mismo entorno que no lo impulsa o motiva a hacerlo, por la falta de dinero para pagar cursos extra y libros, o porque nunca se les ha dado bien eso de las lenguas extranjeras. Estos polacos viven en pueblos pequeños o lejos de los grandes centros urbanos y probablemente pasarán el resto de sus vidas cerca de sus familias, en sus terruños. 

jueves, 18 de agosto de 2016

Polonia y el culto al té

Hay muchos países en el mundo en los que el té o herbata, en polaco, juega un papel fundamental en la cultura y la vida de la gente. Polonia es uno de esos lugares donde una taza de infusión en el momento correcto puede salvarle el día a cualquiera.

Viniendo de Colombia, el té es a lo último que estoy acostumbrado. Su amargo sabor, específico olor y, a veces, su no muy agradable apariencia nunca me han atraído. En mi país esta bebida herbácea es vista socialmente como un lujo, algo que consumen las clases altas o los ingleses a las cinco de la tarde.

En Polonia, desde que son pequeños los niños reciben té y aguas de hierbas en sus biberones. Así, a medida que van creciendo, le adquieren el gusto. En mi país las madres llenan esas mismas botellas con una mezcla de leche y agua con panela (jugo de la caña de azúcar solidificado). Así crecemos adorando lo dulce y ese delicioso sabor tropical que tiene la caña.

Es entendible que una bebida caliente sea venerada en un país con fama de gélido, pero los polacos lo llevan a otro nivel. Es todo un ritual y un elemento incorporado en sus rutinas. Al desayuno, al almuerzo o a la cena está presente. Para empezar el día de trabajo o hidratarse en la mitad de la jornada, un té siempre está a la orden. Donde quiera que llegues es lo primero que te ofrecen, por encima del agua y el café. 

La tetera

Cualquier casa polaca que se respete está dotada de una tetera. Sea eléctrica o no, es un utensilio imprescindible. Una de las cosas que más extrañan los polacos cuando van de vacaciones a España o a Latinoamérica es que en los hoteles y las casas en general no se encuentre este artefacto. A lo máximo podrán hallar una cafetera eléctrica, pero una tetera es algo exótico en países donde la gente padece el calor extremo durante gran parte del año. Esto no les parece  lógico a los propios polacos, quienes argumentan que aún en verano, en los días más cálidos ellos beben la ardiente infusión, porque al ingresar un líquido caliente al organismo este compensa la diferencia de temperatura que hay entre el ambiente y el cuerpo y esto tiene un efecto refrigerante y refrescante. La verdad, yo siempre que me he bebido algo caliente cuando ha hecho calor termino hecho una sopa, sudando como un caballo. Claro está que en invierno, cuando hace frío, también yo bebo cosas frías. Mi tolerancia al calor es bastante baja. 

Tazas y dientes sucios

Una de las desventajas de beber té es que va dejando sarro en los dientes del consumidor. Bueno, no sólo en los dientes, también en las tazas y vasos que se usan para servirlo. Una vez, en uno de los lugares donde trabajaba, una de mis compañeras polacas tenía su mug en la oficina, y aunque lo lavaba (me consta), con el pasar de los años se fue creando una capa de color marrón oscuro que se apoderó de gran parte de la superficie de la cerámica. Siempre me preguntaba: "si así está la taza, ¿cómo estará el estómago?". 

El café es otra de las bebidas estrella en la dieta de la gente de este país. Y entre el café y el té tienen arruinadas muchas sonrisas. Es grande la cantidad de polacos que tienen problemas dentales y exhiben dentaduras sucias o afectadas por alguna condición o problema. No sé todavía la razón por la cual parece ser que, para muchos polacos, los dientes son algo no tan importante y se pueden dejar para después. 

Volviendo a la herbata. A mí en lo personal no me gusta. Sé que tiene muchísimas propiedades nutricionales y es muy saludable, pero no crecí con el amargo de la savia de la hoja del té en mi botella de leche, y desafortunadamente no he logrado acostumbrarme a ese sabor. Lo máximo que logro disfrutar, y cuando de verdad hace mucho frío o cuando estoy resfriado, es una buena taza de té negro con mucho limón y miel. 

Si estás planeando visitar Polonia o venirte a vivir aquí, prepárate a olvidarte de los jugos o zumos naturales y a darle la bienvenida a tu dieta a esta exótica infusión. 

lunes, 8 de agosto de 2016

¿Cómo me quedé legalmente en Polonia?

Hoy, a petición de algunos de ustedes, voy a contarles mi experiencia de inmigración legal exitosa a Polonia. Debo aclarar que lo relatado a continuación es totalmente anecdótico, que no soy un oficial o abogado de inmigración y que las cosas pudieron cambiar en estos casi diez años que vivo aquí, así que no se lo tomen como una verdad absoluta, ni a la ligera. Les recomiendo que consulten cuidadosamente en el Consulado de Polonia más cercano o en la delegatura de Urząd Wojewódzki de la región en que viven o planean vivir, cualquier duda que tengan.

Antecedentes

Entre junio y octubre de 2006 estuve participando en Estados Unidos en el famoso programa para estudiantes Work and Travel. Allí conocí a quien hoy en día es mi mujer (polaca). Al concluir ese período de tiempo volví a Colombia a terminar mis estudios. Quería volar nuevamente, pero las cosas no eran tan fáciles en materia migratoria en ese momento. No tenía mayores opciones y veía que frente a mí se levantaba un muro burocrático gigantesco e insalvable.

La puerta de salida

Pensaba que, tal vez, podría obtener una visa de trabajo en cualquier país europeo y por eso me puse en la labor de enviar decenas de emails y hojas de vida, a cuanta empresa productora de frutas y del sector hotelero encontraba. Así estuve durante un mes completo, hasta que me di cuenta de lo obvio - nadie en su sano juicio querría contratar a un colombiano totalmente desconocido, habiendo tantos jóvenes europeos deseosos de llenar esas vacantes. Además del peligro que representaría para una empresa hacer todo el papeleo necesario para traer a un trabajador desde el otro lado del mundo, poniendo en riesgo su propia reputación, sin conocer su historial.

Dejé entonces la cacería de empleo y volví a la página del Consulado de Polonia en Colombia en búsqueda de "iluminación". Me di cuenta de que la embajada podía darme una visa de estudio hasta por un año, si demostraba que tenía cómo mantenerme económicamente aquí por ese período de tiempo. Además, como base para la expedición de la visa, se podía presentar cualquier matrícula en una institución educativa oficial de la República de Polonia. Esto incluía las escuelas privadas y los cursos de polaco.

Primero intenté encontrar algún programa universitario para continuar mis estudios. Efectivamente, algunas universidades tienen ofertas bastante interesantes, sólo que como la mayoría de instituciones de educación superior son públicas, los extranjeros, incluso los mismos europeos, deben pagar por semestre más de 3000 euros por concepto de matrícula. Por esa razón descarté pronto esa idea. Hasta que mi chica, estudiante de filología polaca en aquel momento, vio que su facultad (en la Universidad de Wrocław) organizaba cursos de lengua y cultura polaca para extranjeros por 1000 zlotys semestrales (unos 250 dólares, al cambio de hoy) y sin problema expedían una confirmación de la matrícula directamente dirigida al consulado de Polonia en Colombia, para así facilitar el trámite. Esa era la puerta que esperábamos encontrar. Inmediatamente hice la matrícula y en menos de dos semanas ya tenía conmigo la confirmación oficial. Junto a eso, todavía fue necesario demostrar que tenía cómo sostenerme económicamente por ese período de tiempo, comprar un seguro médico que me protegiera en todo el espacio Schengen y haber hecho la reserva de los billetes de avión.

Lo del dinero lo solucioné en parte con mis ahorros de lo trabajado durante el verano en Estados Unidos y con ayuda de los ahorros de mis padres. Pusimos el dinero en una cuenta y estaba listo para ser mostrado. La cuestión es que estaba seguro de que no era suficiente para ellos, por lo menos no para un año, como quería. Ya en diciembre había tenido la mala experiencia de presentar una solicitud por 25 días y haber recibido una visa por siete días sólamente. ¿La causa de esto? No demostré suficientes fondos para mi estadía en Polonia por los 25 días. Así que, esta vez, además de lo anteriormente nombrado, presenté una invitación expedida por la oficina para extranjeros en Polonia y respaldada por el padre de mi novia. La duración esta vez era de tres meses. Aún así, sabía que no tenía suficientes soportes para que me dieran el visado por un año.

En el consulado

Al llegar el día de la cita en el consulado, yo estaba muy nervioso. Me hicieron pasar y muy pronto llegó el cónsul en persona - un funcionario muy simpático de apellido Wozniak. Se sentó frente a mí, me preguntó la razón por la que quería ir a Polonia. Le dije que mis razones eran sentimentales y que quería viajar a conocer Polonia por un período de tiempo largo y así acercarme más a su lengua y cultura. El Cónsul me miró a los ojos seriamente, bajó su mirada al cartapacio de documentos que llevaba y dijo en un español bastante aceptable lo que más temía: "pero usted no tiene suficientes recursos para estar en Polonia por un año". Yo quedé frío. Le dije que sabía que no era suficiente, pero que tal vez, ya aquí, podría buscar un trabajo de medio tiempo, para ayudarme. El hombre levantó la cabeza y me sonrió. Me dijo que no era posible trabajar legalmente en Polonia, teniendo una visa de estudiante. Guardó silencio por un minuto, mientras seguía observando cuidadosamente los documentos. Se detuvo en mis calificaciones académicas y luego le echó un vistazo al artículo que había escrito sobre Polonia en la revista cultural de mi universidad, después de mi primer viaje. Levantó su mirada y me dijo - yo le puedo dar una visa por seis meses como máximo, juntando la invitación de tres meses que tiene y los recursos económicos que usted demuestra. Es todo lo que puedo hacer. Le pregunté inmediatamente si era posible ya estando en Polonia extender mi visado o buscar un permiso de trabajo.  Él me dijo que tal vez era posible, pero que no podía afirmarlo al 100%, que debía arriesgarme y ya estando aquí tratar de solucionar la situación. En aquel entonces, Polonia todavía no hacía parte del grupo Schengen y hasta en diciembre de ese año entraría en la zona. Por eso, no podía darme ninguna razón, de qué cosas cambiarían y cómo se manejarían aquí los diferentes procesos relacionados con los extranjeros.

Después de un par de semanas de esa entrevista recibí mi visa de estudiante por seis meses.

60 días después, un julio 7,  ya estaba de nuevo en estas tierras.

Buscando la residencia temporal

Desde que llegué, empecé la búsqueda de un empleo. En aquel tiempo era muy difícil que le dieran a un extranjero un trabajo de forma ilegal, ahora creo que puede pasar con mayor frecuencia, por la cantidad de foráneos que hay. Así que a cuanto lugar iba me decían que no. Restaurantes, bares y tiendas me cerraron sus puertas en la Silesia Alta, donde inicialmente aterricé y estuve durante el primer mes. Ya llegado agosto, nos mudamos con mi chica a Wrocław, donde continué mi cacería. Navegando en internet me di cuenta de que había muchas escuelas de idiomas, y una de ellas se especializaba en la enseñanza del español como lengua extranjera. Durante dos días estuve dejando mis CV en diferentes lugares, hasta que fui al Centro de Lengua Española, donde encontré personas muy abiertas y amables que sin  ningún problema, aceptaron gestionar la documentación por su parte, para que yo obtuviera un permiso de trabajo y así laborar con ellos como profesor de español.

Permiso de residencia temporal y permiso de trabajo

Fue un procedimiento bastante engorroso y confuso para mí. Primero, porque no lo estaba haciendo en mi lengua materna y segundo porque la lógica y todo el proceso es diferente a lo que uno espera viniendo en Latinoamérica. Si quieres un permiso de residencia, debes ir a Urząd Wojewódzki de la región donde quieres vivir y presentar la aplicación junto con una serie de documentos bastante específicos. El permiso de residencia temporal en Polonia, por lo general, tiene una validez de uno a máximo dos años. La mayoría que llega nuevo aquí tiene que renovarlo cada año. Para que te lo den por dos necesitas demostrar que ganas una cantidad de dinero que generalmente se sale del promedio de salarios de entrada para extranjeros. Yo lo hice durante tres años cada 12 meses y luego en el tercer año mi jefe me ayudó a justificar un salario mayor, y así me dieron dos años de residencia temporal continua.

Uno de los requerimientos para obtener este permiso era, no estoy seguro si lo sigue siendo, empadronarse, es decir, inscribirse en el registro o padrón que lleva el gobierno de cada ciudadano. Para ello, necesitas de la ayuda de tu casero, para que éste acceda a permitirte registrarte en su inmueble. Muchos apartamentos son baratos y bien localizados, pero no hay un contrato que medie entre tú y el dueño, lo cual es peligroso para las dos partes. En Polonia, firma siempre un contrato de alquiler, así te evitarás dolores de cabeza. Otra cosa que te puede salvar de malos momentos es negociar muy bien los términos de devolución de la fianza que tendrás que dejarle como depósito de seguridad, al momento de alquilar.

Una cosa difícil de entender para mí era que para recibir el permiso de residencia, debía adjuntar el permiso de trabajo. Pero, en la oficina de trabajo me pedían el permiso de residencia para obtener el de trabajo. Una locura total. Lo que no sabes al comienzo es que los dos trámites se hacen simultáneamente. Solicité primero el permiso de residencia (el proceso dura 40 días), y con la confirmación de que recibieron mi aplicación, fui a la oficina de trabajo y allí dejé el formulario con los anexos pertinentes (mi jefe ya había hecho su parte con anterioridad) y en 30 días ellos me dieron su decisión, la cual fue positiva. Esa decisión (esto es un documento, una carta) la dejé como anexo también en la oficina para extranjeros y unas semanas después obtuve mi residencia temporal polaca.

Así fue como llegué a vivir legalmente aquí en Polonia. Luego tuve que asegurarme de conservar mi trabajo y portarme bien. En 2009, me casé por lo civil, y desde entonces empezaron a contar tres años que contempla la ley como necesarios para consolidar la unión marital y para que ésta respalde mi derecho a ser ciudadano polaco. Así en 2015, después de ocho años de batallas en las oficinas públicas, recibí por parte del presidente de la República de Polonia mi ciudadanía polaca. Esto me ha facilitado la vida muchísimo. Si tienes un dowód osobisty (documento de identidad) puedes suscribirte a un plan con un operador móvil sin problemas, acceder a un crédito, acceder al sistema educativo polaco de forma gratuita, poder votar, tener acceso al sistema de salud pública, entre otra cosas. 

domingo, 31 de julio de 2016

Las abuelas polacas, especie en peligro de extinción

Son únicas en el mundo. Adoradas por algunos, odiadas por otros. Cada extranjero que lleve un tiempo viviendo aquí seguro ha tenido el gusto, el placer y el privilegio de conocer a una de estas damas.

En muchos aspectos son similares a cualquier otra abuela - amorosas, comprensivas, con buena sazón y pasión por sus nietos,  pero la cosa no es tan simple. 

La abuela polaca y su espíritu guerrero 


Como muchas abuelas latinoamericanas, la abuela polaca vivió dificultades durante su niñez, adolescencia y juventud. Tuvo que trabajar y aprender diferentes artes para poder sobrevivir en el mundo de aquella época. Por ello, estas señoras saben cosas como confeccionar, con hilos y agujas, las prendas para vestirse. Lo más popular - medias y jerseys. Es posible encontrarse en una calle polaca con ellas, vendiendo calcetines para el invierno y zapatitos de lana para niños pequeños. Alguien me regaló unos de esos calcetines hace un tiempo, pero nunca he podido usarlos por mucho tiempo, porque siento claustrofobia en esas medias. Hace demasiado calor. Me sudan los pies. 

Las habilidades culinarias de la abuela polaca

Si vas a visitar a una abuela polaca prepárate. Es mejor si haces ayuno un par de días antes. No, no exagero. Lo que te espera son grandes cantidades de comida - pasteles, tartas, galletas, carnes, dulces, sopas, y un largo etcétera de exquisiteces, incluyendo algunos licores como postre. Un almuerzo en la casa de una abuela polaca fácilmente se transforma en un banquete inolvidable. No te preocupes, si comes de más, puedes decírselo a la viejecita, ella lo resolverá con un té de frutos secos o alguna pastilla de hierbas contra la indigestión. 

Un buen consejo es medirse y también ser muy claro en lo que te gusta y en lo que no. Si no te gusta, es mejor que lo digas desde el comienzo junto a una buena excusa. Algo como: "por razones religiosas no como kluski" (lo sé, es una excusa tonta) o "Mi médico me prohibió comer salchichas, por mi colesterol". Si se te ocurre decirle a una abuela polaca que te gusta algo que de verdad no te gusta, lo pagarás muy caro. Cada vez que la visites tendrá preparado este plato o habrá comprado esto que dijiste que te gustó, así que lo tendrás para rato. También me ha pasado que le he dicho a una de estas damas que me gusta lo que como, por ejemplo los famosos Toffifee. Pues, cada vez que veo a esta abuela ella me regala una caja de 38 delicias. 

Estas mujeres tienen una extraña obsesión por alimentar y hacer disfrutar de lo que cocinan a las otras personas. Las verás felices si prepararon una tarta y tú les dices que les quedó una maravilla. Eso sí, se asegurará, por todos los medios, de que no tengas hambre y estés bien lleno, durante el tiempo que dure la visita. 

La abuela polaca en su faceta dulce


Las abuelas polacas tienen diferentes facetas. Una de ellas es la que tienen cuando están con sus seres queridos - son mujeres maravillosas, dulces viejecitas. Pero si no las conoces e interactúas con ellas en situaciones sociales diarias, a veces son personas muy difíciles, pesadas y hasta peligrosas. 

La abuela polaca en su faceta camicace 

¿Conduces coche en Polonia? ¡Ten cuidado! Un fenómeno importante ocurre en las calles y carreteras del país. Se trata de las abuelas camicace. Estas intrépidas y egocéntricas, aunque dulces, viejecitas no tienen ningún reparo en lanzarse a cruzar la calle cuando el semáforo para peatones está en rojo, o cuando está en naranja. No te confíes, si el semáforo peatonal está en rojo esto no significa que esta regla afecte a estas simpáticas viejecitas. Más de una vez me he llevado un buen susto por esta razón.

La abuela polaca en su faceta escurridiza


No he conocido un personaje más escurridizo que una abuela polaca. Se te mete en un abrir y cerrar de ojos en la cola que estás haciendo desde hace media hora. Simplemente llega y se instala delante de ti. Me ha pasado en el banco, en correos, en el tranvía, en un concierto y en un restaurante. Ella se cuela y tiene como una inmunidad social. Todos se molestan con la abuela, pero nadie le dice nada y si se lo dijeran ella se encargaría de dejarles en claro quién manda.

La causante de colas interminables

Otra cosa interesante de cuando haces cola en Polonia es que si tienes una abuela polaca enfrente, puedes estar seguro de que tardarás un poco más de lo que piensas, para hacer lo que quieres hacer. Ella va a llegar, se va a tomar todo el tiempo del mundo para hacer su transacción o su compra, llevando una conversación mientras tanto, y al final se quedará pensando si comprar esta o aquella tarjeta postal, esta o aquella galleta para su nieto. Si es posible hará algún comentario final, que llevará a otra mini conversación con el cajero y después de diez minutos de espera, finalmente se irá, dejando la sala en silencio total.

Los abrigos de pieles de la abuela

Aunque no es muy popular hoy en día, fue en Polonia donde vi por primera vez a alguien vistiendo pieles naturales de animal. Hay muchas abuelas de este país que todavía conservan en sus roperos estas prendas. Las usan en otoño e invierno para salir a la calle. En otrora, además de un símbolo de estatus éstas eran tratadas como depósitos de ahorro, tal como pasa con las joyas.

La sociedad polaca reprueba actualmente en su mayoría el uso de abrigos y prendas de pieles. Pero, aún así, dichas reliquias siguen existiendo, gracias a estos personajes.

Las virtudes que me agradan de las abuelas polacas son su temple, valentía y decisión. Sin mencionar su entrega, empatía y amor. Son mujeres maravillosas, que conservan toda una tradición y que en cada encuentro con ellas nos hacen viajar a través del tiempo y del espacio de nuestra propia historia. 

sábado, 23 de julio de 2016

Vestigios del comunismo en Polonia

En anteriores entradas he venido hablando de algunas características del pueblo polaco, heredadas de su pasado comunista. He recibido algunos mensajes de lectores asiduos del blog que me pidieron desarrollar un poco más el tema. Les agradezco mucho sus comentarios, emails y sugerencias que he recibido. Valoro cada uno de los mensajes que me llegan y siempre los respondo, uno a uno, con la atención que se merecen. 

Cuando Polonia estaba bajo el dominio soviético las cosas en este país eran muy diferentes a como lo son ahora. El gobierno controlaba la producción y distribución de bienes, así como decidía en qué forma estos llegaban a manos de la gente. Al estar el país aislado económicamente del mundo, sólo contaba con lo que ellos mismos podían abastecerse. En las tiendas no había casi nada. Los dos productos que se podían encontrar con mayor facilidad eran las bebidas espirituosas y el tabaco. Los anaqueles permanecían casi en su totalidad vacíos y las colas se apoderaban de las aceras y calles. 

Esta escasez de productos hacía que la gente se las arreglara para conseguir lo que necesitaba. En ese mundo, tener o no tener "enchufes" hacía la diferencia. De esa forma, gestionaban carne, azúcar, chocolate, café, comida en general, muebles, ropa, etc., de una forma bastante astuta. Las personas trabajaban en los diferentes establecimientos controlados por el gobierno, de modo que si conocías a la señora de la carnicería, podías obtener algunas salchichas o chuletas antes que muchos otros ciudadanos, que esperaban desde hacía días o semanas el reabastecimiento de los frigoríficos. Obviamente si yo quería que mi amiga de la carnicería hiciera eso por mí, yo tenía que darle algo a cambio. Probablemente, siendo yo un empleado en una tienda de muebles podría ayudarle a mi amiga con el sillón que estaba esperando adquirir desde hacía un año o algo más. 

Por otro lado, los polacos recibían de parte del gobierno una libreta de abastecimiento, donde estaba consignada la cantidad de productos, en número o en peso, que podía obtener un ciudadano para su uso personal o el de su familia. Por ello, nuevamente haciendo gala de su inventiva, se intercambiaban la libreta para poder acceder a cosas que no tenían. De modo que, si yo ya tenía bastante café y mi vecino no, pero éste tenía bastante chocolate y yo no, hacíamos un trueque.

De esa forma llegó hasta nuestros días lo que los polacos llaman "kombinować" lo cual traducido al español significaría "arreglárselas" o "darse mañanas". En la actualidad, esa mentalidad hace parte del día a día de los polacos. Se escucha muy frecuentemente que tratan de solucionar sus problemas usando la misma lógica y la misma inventiva de otrora. La costumbre ha pasado de generación en generación y es muy similar a lo que se llama en mi país "malicia indígena", sólo que, en mi opinión, los polacos tienen en mente que viven con otras personas en este mundo y que "kombinować" no implica que cualquier medio sea válido para obtener lo que se quiere - incluyendo el hurto o el asesinato. Principalmente, esta costumbre de "arreglárselas" funciona para defenderse de las instituciones del Estado y de las leyes que siguen funcionando con la lógica del gobierno comunista, negándose al cambio que ya ocurrió y dificultándole terriblemente la vida al ciudadano. 

La vacas sagradas de la burocracia

Durante el comunismo, como ahora lo es en casi todo el mundo, trabajar para el gobierno era considerado uno de los mejores empleos, si no el mejor que pudiera haber. Horarios más cortos, pagas más altas, aumentos cada año, todo por el simple hecho de ser funcionario público, y lo más importante la famosa "estabilidad laboral". Los funcionarios del colosal aparato burocrático del Estado comunista polaco eran casi inamovibles, haciendo que, además de las normas opresoras impuestas que obstaculizan cada proceso y lo hacían complicado, el ciudadano tenía que enfrentarse a un funcionario lento y muchas veces también lerdo y antipático que hacía su labor como y cuando le placía. Desafortunadamente, esto ha llegado hasta nuestros días. Cuando uno tiene que hacer alguna diligencia en una oficina pública es como viajar en el tiempo. Allí, sentadas detrás de sus escritorios y mostradores, aferradas a sus tazas de café y té "sin fondo", encontramos a mujeres mayores (en su mayoría), que reciben al ciudadano con una cara seca y tratan de buscar en primer lugar, cualquier justificación para salir del cliente rápidamente y hacerlo volver otro día - cualquier papel, sello, firma o fotocopia. En segundo lugar, tratan a cada persona como si fuera una molestia, como "¿y tú qué quieres?" "¿por qué molestas mi santa paz?" "¿no ves que acabo de llegar a la oficina y ni siquiera he podido tomar mi primer café y hablar con mi compañera?" "¡Usted debería saberlo todo y tenerlo todo preparado, si le hace falta algo, estoy en todo mi derecho a darle una reprimenda verbal por su estupidez?!". Me he enfrentado a suficientes oficinas siendo extranjero como para conocerlas bien. No puedo generalizar, por supuesto, porque hay algunos funcionarios que se esmeran, especialmente los más jóvenes. Pero, conozco muy bien sus caras, reacciones, frases hechas, aprendidas y heredadas de esa Polonia arcaica que se niega a desaparecer, gracias a la política de partidos oportunistas que prefieren mantener un establecimiento paquidérmico, con miles de funcionarios, en vez de simplificar trámites y sistematizar departamentos del Estados. Un par de veces me han sacado de mis casillas y he tenido que recordarles cuál es su lugar y cuál es su trabajo. Parece increíble que sus salarios los paguemos todos nosotros de nuestros impuestos y ellos crean que nos están haciendo un favor. Para ellos la expresión "servidor público" es una excentricidad propia del perverso mundo moderno en el que vivimos. Hay veces que he quedado estupefacto y no he sabido si llorar, reír o molestarme. 

Puedo narrar dos de estas situaciones que son las que más me han llamado la atención en estos diez años. La primera me ocurrió en la oficina de correos (entidad pública en este país) - fui a COMPRAR 350 sellos postales o estampillas, como se les dice en mi país, y la mujer al otro lado de la ventanilla me dijo, increpándome con cara de irritación, "a po co panu tyle znaczków?", en español "y para qué quiere usted tantos sellos postales?". Me quedé frío, porque pensaba que por alguna razón no había entendido esa pregunta tan "surrealista". A ver analicemos un poquito la situación. Vengo en representación de mi propia empresa a COMPRAR, no a que me regalen, ni a que me presten o alquilen, a COMPRAR sellos postales y ella me pregunta enfadada ¿para qué los quiero? Sé que el proceso de adquisición de tantas estampillas tarda mucho más que el de enviar un par de cartas, y también soy consciente que puedo firmar un contrato estable con la oficina de correos (una especie de suscripción), para no tener que hacer esa compra tan grande, pero como ciudadano de este país, y aún sin serlo, tengo el derecho a comprar los sellos que quiera y usarlos para pegarlos en la pared si se me antoja. Es una impertinencia lo que ella estaba haciendo y me irrita más cuando pienso que encima de que me hace mala atmósfera y pasar un mal rato, su salario lo pagamos todos los contribuyentes. 

La segunda situación me ocurrió cuando mi mujer estaba embarazada. Aquí en Polonia normalmente la chica toma el apellido de su marido en lugar del de sus padres (a veces lo adhiere), pero el uso más común es adoptarlo. En mi caso, por ser hispano, tengo dos apellidos - Aponte Lara. Ésto hace que si mi mujer se decide a dejar el suyo, va a quedar como si fuera mi hermana, hija de mis padres; y mi hijo por consiguiente también quedaría como si fuese mi hermano. Llamamos un par de veces por teléfono a la oficina de registro civil de la región de donde es mi mujer, para preguntar si era posible que ella, conservando su apellido paterno, en primer lugar, y añadiéndole mi apellido paterno, en segundo lugar (lo cual se puede hacer), mi hijo tuviera mi apellido paterno, en primer lugar, y el apellido paterno de mi mujer, en segundo lugar. Lo sé, es un tanto confuso. La jefa de la oficina en persona se encargó del caso, claro, porque al ser un pequeño pueblo de la Silesia Alta, nadie tenía ni idea de qué hacer con un matrimonio extranjero tan "raro". Ella nos aseguró que podíamos casarnos y declararlo así y no tendríamos ningún problema. Pues así lo hicimos. Cuando mi mujer y yo nos presentamos ante su despacho para hacer el trámite de cambio de documento de identidad de mi esposa, antes del nacimiento de nuestro hijo, la señora muy tranquila, detrás de su taza de café, nos dijo que no era posible hacerlo así, porque la ley no lo contemplaba. Mi mujer empezó a llorar de impotencia y yo no pude más - le hablé con dureza de su comportamiento negligente y sin vergüenza que estaba teniendo con nosotros y el irrespeto por nuestro tiempo y personas. Le dije tantas cosas, con mi polaco chapurreado de entonces, y me vio tan furioso que terminó confesando que cuando la llamamos un mes antes ella no había revisado la ley y nos había dicho lo que a ella le parecía que era correcto. Aún así no quería solucionar el problema que nos había causado. Intentaba culparnos a nosotros, al sistema, pero no pudo conmigo ese día, la obligué a que llamara a sus superiores, a que solucionara la situación, a que se moviera un poquito, que es para lo que le pagan y finalmente lo hizo. Ese día aprendí, que una de las causas por las que la gente en esas oficinas sigue teniendo ese chip de otrora, es porque los otros polaco sí se molestan, pero no les recuerdan a estos personajes cuál es su lugar y cuál es su función o trabajo dentro de la vida social del país. 

"czy się stoi czy się leży dwa tysiące się należy" / "no importa si estás de pie o acostado dos mil (zlotys) te pertenecen"

Durante el comunismo, en la mayoría de fábricas, tiendas  y almacenes del Estado reinaba esta filosofía. Una política populista y asistencialista que fomentaba en la gente la desidia. Esto es algo que ha perdido vigencia en la Polonia actual, pero es la base para entender el por qué mucha gente adulta y mayor considera, con nostalgia, que ese tiempo nefasto de la historia polaca fue mejor que el actual. En aquella época, cada persona recibía una suma de dinero por igual sin importar si trabajaba o no, además de la libreta de abastecimiento. Desafortunadamente les servía de poco, porque en las tiendas no había casi productos, como lo mencioné antes, así que tenían dinero pero no qué comprar. Es una perspectiva errónea de estas personas, una mezcla de "todo tiempo pasado fue mejor" y del hecho de no haberse podido adaptar a la nueva realidad que desde 1990 se empezó a forjar en este país. 

Muebles y accesorios 

Es posible ver todavía, en muchas casas polacas, muebles, aparatos electrónicos y otros utensilios propios de esa época en pleno uso. Es como asistir a un museo donde puedes interactuar con estos objetos, algo muy bonito e interesante, que te ayuda a comprender mejor cómo era Polonia en ese tiempo. Claro, es posible que en las grandes ciudades no sean tan frecuentes como en la provincia, pero de que los hay los hay. Si visitas a la abuela de tu pareja o de un amigo, si vas a la casa de sus padres, es posible que veas el papel de colgadura en las paredes con motivos que recuerdan todavía esa época, sillones grises con líneas negras, que he visto ya en diferentes casas, vajillas y herramientas que tienen 30 o 40 años. 

Los minipisos comunales

Durante el comunismo, como es bien sabido, no existía la propiedad privada. Así que los habitantes del país no podían poseer una vivienda que fuera suya. Para tener un techo sobre la cabeza, debían inscribirse en una lista de espera muy larga, con el fin de que el gobierno, finalmente, después de diez o quince años, les concediera el derecho a tener uno. Muchos padres se inscribían en tal lista, con la esperanza de poder acceder a uno de estos pisos para sus hijos, ya que después de su muerte, su descendencia podía heredar el derecho a habitarlos, más no de apropiárselos. Estas viviendas constaban de unos 25 a 30 metros cuadrados, en promedio, y allí vivían familias de unas cuatro personas, durante toda su vida. Hoy en día, es posible ver estos lugares. Cada ciudad tiene una zona donde aún mora gente en ese estándar, por lo general personas mayores o los hijos de éstas. En la actualidad, esos pisos todavía no son de los abuelos que los habitan, sino del municipio en el que residen. La diferencia está en que cuando ellos mueran, sus hijos o nietos pueden comprar estos lugares por precios muy bajos. Sin embargo, me parece que vivir allí crea en el individuo un estado mental específico, un techo invisible, que no le permite desarrollarse en la dirección de la nueva Polonia - abierta al mundo, plural, tolerante, europea, y que dificulta el proceso natural de movilidad social de esas nuevas generaciones (debo aclarar nuevamente, sin generalizar).

Otras costumbres heredadas

Si quieres conocer otras costumbres que heredaron los polacos de ese momento histórico del país, los invito a leer mis entradas anteriores, donde he venido hablando de ellas - quejarse, ser pesimista, ser frío en los primeros contactos, ser desconfiado, reparar cosas con sus propias manos, entre otras tantas. También les recomiendo una serie que trata sobre la vida en Polonia en aquellas épocas que se llama Alternatywy 4. No sé si sea posible encontrarla en la red, pero con seguridad en las mediatecas que hay en las grandes ciudades del país sí que está. 

Si tienes alguna fotografía de un elemento antiguo que sea de esa época, o te ha pasado alguna anécdota como las que he contado en este post, te invito a compartirla con nosotros en nuestra página de FB https://www.facebook.com/vidaenlasantipodas/ 

miércoles, 20 de julio de 2016

Anexo importante a la entrada sobre "Lo bueno y lo malo de Polonia"

* En muchos pueblos y ciudades pequeñas los extranjeros no son bien recibidos

En el texto que publiqué el pasado 20 de julio, pasé por alto matizar uno de los puntos que destaqué como positivos en la cultura polaca - el hecho de que son abiertos con los hispanos. Recibí algunos comentarios recordándome que si bien en las ciudades grandes el hispano es visto como una curiosidad cultural, en muchos pueblos y ciudades pequeñas son personajes no deseados. Lo cual es totalmente cierto. He conocido a algunos latinos que por su simple apariencia han sido discriminados en las calles - la gente se cambia de acera, los miran mal o les dicen frases racistas. Esto se debe al aislamiento que todavía muchas comunidades del país tienen de la realidad que viven las grandes ciudades, del grado de conservadurismo de sus gentes y del miedo a lo diferente. Polonia ha avanzado mucho en estos 25 años, pero no en todo su territorio este cambio se ha llevado a cabo con la misma rapidez, ni la gente lo ha asimilado en su totalidad.


Lo bueno y lo malo de Polonia

Si eres un turista o un recién llegado, puedes quizás observar algunas cosas positivas y negativas de cualquier país. Pero se necesita una residencia prolongada, para hablar con propiedad de este tema. En los casi diez años que llevo viviendo en Polonia, he visto algunas cosas de las cuales puedo afirmar que son rasgos concretos de este lugar. Éstos dibujan un panorama que, aunque es un estereotipo, ya que nunca se puede generalizar, sí ayudan a comprender mejor las virtudes y vicios de esta sociedad. Si bien adoro Polonia, y es un lugar maravilloso para vivir, no quisiera caer en el error que cometen muchos de hablar, sólo de la cara amable de un lugar, porque estoy convencido de que no existen países, ciudades o culturas perfectos. 

Lo bueno

Como casi siempre me gusta ver el vaso medio lleno, o lleno, empecemos por lo positivo:

La seguridad y la tranquilidad

Una de las cosas que más llama la atención cuando se viene de algún país latinoamericano, incluso de España, es que Polonia es un lugar muy tranquilo. Pronto uno se da cuenta que aquí se vive en una seguridad casi utópica. En Colombia (y los demás países de Hispanoamérica), hay que andar con los ojos detrás de la nuca, porque alguien puede acercarse, a plena luz de día, y robarte. O si dejas el coche abierto o la cartera olvidada en algún lugar, hay una probabilidad bastante alta de que cuando vuelvas ya no estén allí. No digo que en Polonia no haya criminalidad, porque de hecho la hay. En cualquier país del mundo nos pueden robar. Lo que digo es que en este lugar la probabilidad es muy reducida. La gente es muy honesta en su mayoría. He olvidado un par de veces mi cartera en lugares públicos y al volver está allí esperándome. He dejado las ventanas abiertas y no he puesto el seguro en las puertas del coche más de una vez, y después de varias horas de estar solo en un aparcamiento abierto, nadie ha venido a robarme el radio, el GPS o alguna de mis pertenencias. 

Cuando llegué aquí, duré casi un año con esa paranoia que nos acompaña a los que hemos vivido en ciudades grandes en Latinoamérica, y cuesta acostumbrarse a que no hay motivo para tener miedo de caminar en la mitad de la noche por una calle oscura. Otro ejemplo del grado de seguridad que hay es el siguiente: en Bogotá las personas que viven en la calle se acercan a uno y piden dinero, si uno no les da nada, ellos se molestan, maldicen y pueden hasta sacar un cuchillo y robarnos (me pasó de hecho un par de veces). Aquí, el indigente se acerca, te pide dinero para una botella de vino, una cerveza o para comer, si uno le dice que no, éste responde "¡no hay problema!" o "¡feliz día!". En casi un década de vivir aquí, nunca me han robado, ni he sentido que haya estado en una situación peligrosa. 

El respeto por la privacidad y por el otro

Una de las cosas que me agradan de Polonia es que la gente respeta mucho el espacio personal de los demás. Si vas en el tranvía no te observan de arriba abajo, con cara de que eres un extraterrestre. En mi país era algo que me molestaba mucho. En Hispanoamérica, la gente tiene esa necesidad de contacto con el otro tan a flor de piel que violan lo más sagrado en la convivencia social que es la privacidad. Me agrada que uno se suba en un autobús o un tren y la gente respete el silencio de la otra persona. Tal vez uno quiere pensar o necesita trabajar o no tiene uno humor de hablar, ¿por qué asumir que el otro quiere hacerlo? 

Otra cosa es que en el transporte público no ponen música personalizada al gusto del conductor. En mi país uno se sube a un bus o a un taxi y tiene que escucharse, durante todo el recorrido, la estación de radio o el artista favorito del chófer. ¿Y si a mí como cliente no me gusta? ¿Y si quiero estar en silencio y tranquilo? El servicio de taxi Uber se dio cuenta de esto mismo, por ello los conductores no ponen la música que les plazca, sino que le preguntan al cliente qué desea escuchar o si desea viajar en silencio. Eso es respeto por el espacio del otro y personalmente me encanta. 

Son abiertos con los hispanos

Si bien en Polonia hay que tomar con calma la palabra "abierto", ya que no es posible compararla con nuestras formas de relacionarnos en Latinoamérica, los polacos, especialmente los que viven en las ciudades grandes, ven en los hispanos una especie de espécimen raro e interesante. Añoran el calor del trópico o de España, la comida y, por teoría de opuestos, la forma como somos. Así que si dices que eres de México, Argentina, Venezuela, Chile o Colombia te tratarán como a algo exótico, único, que vale la pena acercarse y conocer. Esto es muy positivo para un recién llegado, en el proceso de adaptación a este nuevo lugar. Eso sí, no esperes que te abracen y besen a la primera, recuerda que esta es una cultura diferente a la nuestra, con otros protocolos sociales y diferentes expectativas. 

El costo de vida no es muy alto en comparación con los salarios

Hay gente que se queja de los salarios en Polonia. En general, sí, son bajos en comparación con la media de otros países europeos, pero es importante verlos desde la perspectiva del nivel de precios de los productos de primera necesidad (exceptuando los alquileres). Los precios son similares a los que se pueden encontrar en la mayor parte de capitales de Hispanoamérica, con la diferencia de que el salario mínimo es tres o cuatro veces superior que en nuestros países de origen. Esto es sólo si vienes del otro lado del charco, porque si eres español y piensas venir a Polonia, este punto puede causarte una enorme frustración. Los ibéricos, así como los demás residentes de países del oeste europeo, están acostumbrados a ganar en euros (moneda mucho más fuerte que el zloty polaco), por lo cual cuando llegan aquí, lo que gana un recién graduado es miserable comparado con el salario de un trabajador no calificado en España. Como dije antes, es cuestión de perspectiva.

La gente lee y es culta

Algo que me encanta de esta sociedad es su amor por el saber y la cultura. La gente lee muchísimo. Esto se puede evidenciar en los autobuses, los tranvías, los trenes y las plazas públicas. Siempre te encuentras con alguien que lleve un libro. Se escuchan con frecuencia conversaciones sobre títulos y recomendaciones de obras. 

Aquí, la gente valora mucho la educación y los buenos modales. Últimamente estuve en un concierto de rock. Una de las cosas que más me sorprendió fue el comportamiento del auditorio. En mi país, hubiera estado lleno de "chiflidos" e "hijueputazos" cada dos segundos, así como de algunas peleas y empujones. Allí, todos se movían en orden, conservaban su espacio interpersonal, hablaban de forma educada y se comportaban como gente culta. 

Debo también destacar que, en cuanto a lectura y educación, las mujeres son más ambiciosas y por ello saben más idiomas, tienen más carreras terminadas y leen más literatura que los hombres. Por el lado masculino, los chicos saben más de cultura general, conocimiento técnico de algunos temas, historia, geografía, deportes, política y economía.

La familia tiene un valor importante

Con excepciones, como siempre, las familias polacas no son patológicas. Existe amor, respeto y unidad, algo que se ha perdido, por lo menos en mi país, donde la mayoría se trata a gritos y hay conflictos frecuentes creados por la intolerancia y el deseo de dominio de unos a otros. En Polonia la tolerancia por la diferencia y la prevalencia del deseo de compañía y apoyo es más importante. Las familias aquí se reúnen con frecuencia para celebrar cumpleaños, fiestas religiosas o simplemente el hecho de estar vivos y juntos. Todos departen alrededor de una mesa, comiendo platos típicos, recordando el pasado y hablando del presente y del futuro. Lo más destacable de ellos, debo repetirlo, es el respeto que hay por el otro en sus relaciones interpersonales - los padres no gritan a sus hijos, desde pequeños, no los golpean y no los humillan, hay raciocinio y hay amor en la crianza; y como consecuencia de esto, los hijos respetan y admiran a sus padres. 

Hay una diferencia entre quienes son amigos y quienes son conocidos

En mi país a cualquiera que se acaba de conocer se le llama amigo. Esto siempre me ha molestado. Esa palabra es muy importante, tiene un valor específico con una carga de significado moral y afectivo grande. No podemos ir por el mundo llamándoles amigos a quienes no lo merecen. Una cosa es un conocido – a quien apenas he tratado, y otra muy diferente un amigo  con quien he vivido experiencias y conozco más profunda e íntimamente. Aquí se usa la palabra "znajomy" = "conocido", para diferenciarlos. Así, cuando alguien la usa, sabemos que de verdad no tienen una relación cercana con esta persona.

Es una sociedad con valores

Creo que una de las cosas buenas que tiene la influencia de la Iglesia en una sociedad, es que ayuda a conservar un sistema de valores (no digo que sea la única forma de hacerlo). Lo vemos en España y en nuestros países hispanoamericanos, donde se ha declarado ya desde hace décadas la secularización del Estado. En la generación de mis abuelos, incluso en la de mis padres, cuando la sociedad era más religiosa y conservadora, cosas como el honor, el valor de la palabra y el respeto eran algo sagrado. En Polonia todavía hay valores maravillosos intactos, de los que carecemos en nuestras sociedades latinas. Esto hace que otros países europeos se rían de los polacos, porque son gente buena y tienen buen corazón. Muchos son honrados, trabajadores, respetuosos, puntuales, considerados, empáticos, solidarios, fieles, persistentes, y poseen un largo etcétera de virtudes. 

La comida

Adoro la cocina polaca. Está llena de sabor, color y textura. Es muy variada. Su principal defecto es que es muy grasosa y abundante. Es muy fácil acostumbrarse a estos platos y adquirirle el gusto a los nuevos sabores. Aunque extraño la sazón colombiana, viviendo en Polonia puedes estar seguro que comerás siempre cosas frescas y bien hechas, lo cual ayudará a tu sentido del gusto a no anhelar tanto volver a casa. 

Las mujeres

Aquí sólo quiero destacer tres cualidades: son hermosas, inteligentes e independientes. Si deseas saber más, te invito a leer la entrada que publiqué en este blog sobre ellas: http://vidaenlasantipodas.blogspot.com/2016/07/las-mujeres-polacas-y-las-relaciones.html

El clima

Aunque la mayoría de latinos y polacos odien el tiempo que hace en este país, la verdad es que es bastante benigno, muy templado - en el verano no hace tanto calor como en el trópico; y en invierno no hace tanto frío como en Siberia, Canadá, Suecia o Noruega. Para mí que odio el calor y el sol excesivos, es perfecto.  

El orden y la limpieza

Los lugares públicos están limpios. Hay un excelente sistema de aseo municipal. Los prados y jardines se mantienen podados y en buena condición. Las líneas de las calles y las señales de tránsito reciben con frecuencia mantenimiento. Lo más importante es que la gente es consciente de que no se debe tirar basura a la calle, de que es un lugar que nos pertenece a todos y por ello hay que cuidarlo. Claro, siempre habrá el desadaptado que tire la colilla de cigarrillo después de acabar de fumar, pero aún así, en comparación con otros lugares que he visitado, es un país muy limpio y organizado. 

Lo malo

Son innecesariamente antipáticos

Si bien me agrada que diferencien a quienes son sus conocidos de quienes son sus amigos de verdad, me molesta mucho lo innecesariamente antipáticos que son algunos de ellos en situaciones diarias 
en la tienda, en la oficina de correos, en las oficinas públicas y en la calle. No se trata de todos los polacos, ya que en general se comportan de manera educada. Creo que quienes caen en este mal comportamiento con frecuencia son las personas mayores de cuarenta años. Si no conoces la lengua polaca, tendrás la impresión de que se están peleando todo el tiempo. Si sabes este idioma y has vivido aquí, te darás cuenta de que algunos se tratan entre sí con frialdad y una rudeza sutil, que es en general aceptada por la sociedad (otra cosa heredada del comunismo). 

Me pasó hace poco que al terminar mi día de trabajo fui al supermercado a hacer las compras. Estaba muy cansado y me movía casi por inercia. Así que, cuando terminé de poner los productos en mi carrito, me dirigí a una de las cajas donde había sólo un cliente esperando. Me paré allí y esperé un par de minutos. Cuando llegó mi turno, la cajera, una señora de unos cuarenta y cinco años, me dijo en todo seco y regañón: "Czy pan nie umie czytać? Tutaj jest napisane, że kasa jest zamknięta!", en español: "¿es que usted no sabe leer o qué? ¿Qué dice aquí? ¡Que la caja está cerrada!" Yo en medio de mi "agonía" por llegar a casa, me quedé estupefacto. No me lo podía creer, me estaba dando una reprimenda, además me hacía sentir que era un tonto. Como siempre que me pasan estas cosas, respiré profundo y le respondí de la forma más educada que pude: "¡nie ma problemu, ale pani może powiedzieć mi to samo innym tonem. Dziękuję za miłą obsługę!", en español: "no hay problema, pero puede usted decirme lo mismo en otro tono. Gracias por el servicio tan amable!". 

La burocracia es enfermiza

Aquí par todo hay que tener un permiso, una confirmación o cualquier papel que tenga una firma y un sello de alguna autoridad. En esto es muy similar a mi querida Colombia. Te mandan de una oficina a la otra y no siempre los procedimientos son tan claros o la información está tan disponible como se esperaría. Para sacar cosas como el permiso de residencia o el permiso de trabajo se debe uno armar de paciencia y tiempo, y simplemente ir paso a paso recogiendo papelitos y peregrinando por cuanta oficina se les ocurra a ellos mandarnos. 

Además, las instituciones públicas ven al ciudadano todavía con esa óptica policial o caritativa típica del comunismo - o eres tratado como un criminal en potencia (tu presunción de buena fe no vale de nada); o te hacen sentir como si ellos te estuvieran haciendo un gran favor, dándote lo que por derecho te corresponde y por obligación ellos deben hacer. 

No evalúan los riesgos con seriedad y los menosprecian

He visto con sorpresa a muchos polacos ignorar, conscientemente, cosas que podrían causarles problemas de salud o de cualquier otro tipo. Dile a un polaco que la combustión de carbón para generar electricidad y calor ocasiona cáncer de pulmón y otras enfermedades del sistema respiratorio. O trata de convencerlo de que el consumo de grasas animales a diario, contenidas en salchichas, embutidos y carne de cerdo les tapará las arterias y les causará problemas cardiovasculares. Puedes estar 100% seguro que te dirán que eso es mentira, que los médicos y científicos se lo inventan y que nada les pasará. Las estadísticas del mismo ministerio de salud polaco dicen que 30.000 personas mueren cada año por causa de enfermedades asociadas a la contaminación del aire y las muertes por problemas cardíacos son la principal causa de fallecimiento en este país. Pero no, claro, son simples exageraciones.

Sufren del síndrome del sabelotodo 

De esto he visto demasiados ejemplos. Especialmente los hombres creen que lo saben todo. No discutas con un polaco, siempre saldrás perdiendo, recuerda que ellos saben más que los mismos especialistas. Me ha tocado escuchar sandeces mayúsculas, como por ejemplo que en la isla portuguesa Madera, que está en el Atlántico, para quien no lo sepa, viven los dragones de komodo, bestias que, como su nombre lo indica, habitan principalmente la isla de Komodo y algunas otras de Indonesia central. ¿Cómo lo sabía? Durante mis estudios universitarios, tuve la oportunidad de tener televisión satelital y era aficionado a Discovery Channel, Animal Planet y Natgeo. Más de un documental vi sobre estos lagartos. Pero no, este polaco afirmaba y defendía que Madera era su hábitat natural. Claro, después de él haber vuelto de sus vacaciones en ese lugar y haber comprobado que no vivía allí este animal, él no fue capaz de reconocer su error. Otra vez, la más insolente de todas, un polaco afirmaba, con total certeza, que en España estaban completamente prohibidas las corridas de toros. Yo muy decentemente le dije que no era así, que sólo en Cataluña, Baleares, Canarias y el País Vasco lo estaban. Como han de imaginarse él sabía más del mundo hispano que yo. 

La Iglesia y su influencia domina buena parte de la vida política y social

Aunque los dos principales partidos políticos en Polonia son antagonistas, los dos caminan como pisando huevos cuando se trata de no ofender o tocar demasiado fuerte la sensibilidad de la Iglesia católica en temas álgidos para la sociedad polaca. Es verdad que el partido de derecha es ultracoservador y por ello va de la mano con los obispos, pero los dos partidos se cuidan en salud cuando se trata de esa "sagrada" institución de este país. Ni piensen que aquí se va a legalizar la marihuana, los matrimonio homosexuales o la adopción de niños por parte de las parejas gay (independientemente que yo esté a favor o en contra). Este será el último país donde algo así pase. 

En la vida social, la gente asiste a la iglesia y mucha veces la palabra del cura es la palabra de Dios. El respeto que en algunos lugares se le tiene a la institución es ciego y en ocasiones enfermizo. En mi opinión, la peor desgracia de todo esto es que los más jóvenes son los más manipulados por la doctrina ortodoxa de la Iglesia católica polaca - que no vivas en la misma casa con tu novio antes de casarte, porque es pecado (y se niegan a darte la comunión en muchas parroquias, si confiesas de buena fe que vives con el amor de tu vida sin este sacramento); que no uses preservativos u otros medios de control de la natalidad; que hay que ir a la iglesia los domingos a dejar tu dinero a la curia, porque sólo en ese edificio se encuentra Dios, etc. El adoctrinamiento inicia desde que los niños son muy pequeñitos. De hecho, desde que están en brazos. 

El nivel de exigencia a cada individuo es bastante alto

Si bien la exigencia es importante para desarrollar un buen trabajo o realizar un buen papel en lo que se haga, los polacos lo llevan al extremo. No son como los alemanes, pero muy cerca de ellos están. Recuerdo que cuando trabajaba en Estados Unidos en una pizzería, la mayoría del equipo éramos sudamericanos y había dos polacas. Los hispanos nos lo tomábamos todo con calma, hablábamos mientras hacíamos el trabajo, nos reíamos, las chicas bailaban, mientras que las polacas, como máquinas de hacer pizza procesaban orden tras orden, concentradas en su trabajo, en el proceso, en cada paso, para hacerlo como se debía. Esto es muy bueno para las empresas, pero ellos lo llevan a los diferentes contextos de la vida, incluso el personal. Hay muchas chicas con anorexia en este país como resultado de los altos niveles de exigencia no sólo familiar sino social. Por lo menos esta enfermedad es más visible aquí, cuando se camina por la calle. Si trabajas con un polaco hombro a hombro, notarás la diferencia y tendrás que esforzarte por llevarle el paso. 

Tienen complejo de inferioridad

Creen que la gente de otros países son mejores que ellos. Pienso que, una vez más, esto viene de los tiempos del comunismo –  una especie de secuela de ese fatídico período. 

Se quejan demasiado y son pesimistas

Este es uno de los rasgos más conocidos del pueblo polaco. Quizás sea por el clima o por lo que han sufrido en su historia, pero para un polaco es difícil ver la copa medio llena. Para ellos siempre la situación puede terminar mal. Lo más curioso de todo es que en muchas ocasiones no tienen ninguna justificación para ser pesimistas. Un claro ejemplo es el de los estudiantes universitarios: es día de exámenes, han pasado los últimos dos días estudiando disciplinadamente, presentan las pruebas y si al salir les preguntas "¿qué tal te fue?" Te van a responder "fatal, seguro reprobaré". Lo curioso es que unos días después, cuando reciben los resultados, y obtienen 4.5 o 5.0 vas a escuchar "sí, pero es que..." y vas a oír lo más insólito – una excusa para justificar su propio éxito. El polaco se queja si hace sol o si no hace, si llueve o si no, si hay mucho o si hay poco. Nunca los verás totalmente satisfechos. Pregúntales cómo están. Seguro nunca te responderán "muy bien" o "fenomenal" o algo por el estilo, porque sería tomado como una exageración o como una falta de sinceridad. 

Muchas mujeres tratan a sus novios y maridos como si fueran sus criados 

Lo he visto con mis propios ojos cientos de veces – la mujer pidiéndole a su chico o a su marido cosas en tono imperativo y tratándolo como si fuera su sirviente o criado. En España se usa la palabra "calzonazos" para definir a este tipo de hombre, falto de carácter y autoestima. No entiendo todavía cómo estos chicos permiten que sus mujeres los regañen y los manden. Estoy a favor de las relaciones de pareja igualitarias, lo cual implica que ninguno de los dos domina al otro, que los dos son un equipo y los dos se respetan.

Cuando conducen ponen las direccionales un metro antes de girar

Estoy cansado de esta mala costumbre polaca. Si bien son mucho más educados en cuanto a cultura vial en comparación con nuestros compatriotas latinoamericanos (del cielo a la tierra diría yo), tienen la bendita mala costumbre de encender la direccional justo un par de metros antes de girar, lo cual hace que uno frene violentamente y se lleve un buen susto, eso sin mencionar el desperdicio de combustible. 

Les gusta criticar y son envidiosos

En esto nos parecemos los colombianos y los polacos. Nos encanta criticar. Porque, como lo mencioné antes, sabemos más que los otros y el vecino siempre mete la pata profundamente en el fango, pero nosotros nunca. Somos blancas palomas inocentes, perfectas, que nunca la embarran. 

Además de lo anterior, no pueden ver que alguien haga o tenga algo diferente, porque los corroe la envidia. Esto pasa más en los pueblos que en las ciudades, pero es un fenómeno latente. Por esa misma razón, nunca encontrarás que un polaco reconozca abiertamente, frente a los otros, que es el mejor en algo, que se ha hecho merecedor a algún premio o que tiene algo más bonito que el otro. Siempre sacarán alguna excusa para disminuir la intensidad de su logro o para embarrar la cualidad del objeto que es admirado por el otro. Lo más gracioso es que hace un par de semanas me pillé a mí mismo actuando de esta forma: iba entrando a un edificio a dar una clase, y la portera se fijó en mis bonitos auriculares rojos inalámbricos y me dijo: "qué bonitos auriculares tiene". Mientras firmaba la hoja de registro de entrada, me sentí extrañamente incómodo e inconscientemente le dije: "gracias, pero son viejos" A lo que ella me respondió "stare ale jary", en español: "viejos, pero buenos/bonitos". Al subir al ascensor me di cuenta de lo que había hecho y no me lo podía creer. En otros tiempos, hubiera dado las gracias por el cumplido que le hizo a mis hermosos auriculares rojos y hubiera hablado de sus magníficas características técnicas, pero con el pasar del tiempo parece que me he contagiado o ¿será que me he apolacado?

En muchos pueblos y ciudades pequeñas los extranjeros no son bien recibidos

Si bien en las ciudades grandes el hispano es visto como una curiosidad cultural, en muchos pueblos y ciudades pequeñas son personajes no deseados. He conocido a algunos latinos que por su simple apariencia son discriminados en las calles - la gente se cambia de acera, los miran mal o les dicen frases racistas. Esto se debe al aislamiento que todavía muchas comunidades del país tienen de la realidad que viven las grandes ciudades, del grado de conservadurismo de sus gentes y del miedo a lo diferente. Polonia ha avanzado mucho en estos 25 años, pero no en todo su territorio este cambio no se ha llevado a cabo con la misma rapidez, ni la gente lo ha asimilado en su totalidad.

Estos son apenas algunos puntos que he seleccionado para esta entrada. La verdad es que la lista es aún más larga, tanto de lo bueno como de lo malo. Pero creo que la información que les he presentado les permitirá hacerse una idea más aproximada de cómo es esta sociedad, de lo que te espera si planeas venirte a vivir aquí o a pasar unos días de turismo. 

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